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terça-feira, 21 de abril de 2015

Eduardo anda por aí...

20/4/2015, [*] Luís Britto García – Blog luisbrittogarcia
Texto e fotos enviados pelo autor




Dicto una conferencia en la Academia de Medios de Comunicación de la Universidad de Bratislava y me interrumpen los medios con la noticia de la partida de Eduardo.
Exagerados como siempre, ignoran que mientras nuestra Historia sea un cumulo de olvidos estará Galeano presente en cada llamarada de las Memorias del Fuego.

Eduardo revive en el fracaso de todos esos muchachos que sueñan ser futbolistas o beisbolistas y que de tanto perder las esperanzas terminan en ídolos.

Allá va Galeano en las academias de los autodidactas, en las galeras del ejercicio ilegal de la profesión, en las muchedumbres de quienes jamás tuvieron un título, ni siquiera de manejar.


En tanto el bloqueo perdure extendiéndose más allá de la pesadilla del medio siglo, allí estará Eduardo en la desvencijada oficina habanera de Prensa Latina arrojando con su honda los guijarros de la verdad que derriban  mentiras gigantes.

No es difícil reencontrar a Galeano en la cola de los exiliados a quienes nunca renuevan la visa, en la fila de los deportados, en el tumulto de los expatriados que mueren de nostalgia.
A Eduardo se lo ve después de medianoche en las imprentas de las publicaciones críticas que van a ser clausuradas y de las revistas que las juntas golpistas no dejaran sobrevivir.

No busquen a Galeano en las rumbosas exequias. A lo mejor anda de nuevo metido en la selva venezolana con los buscadores de oro, tratando de encontrar el paludismo fulminante que en una ocasión casi se lo lleva.


Galeano estará allí mientras los presidentes del Imperio asistan a las cumbres con temor de que algún Hugo Rafael les regale un libro de Eduardo.

Mientras las torrenciales venas abiertas de América Latina sigan sangrando dividendos para las transnacionales y miserias para los nacionales, habrá siempre un Eduardo que intente suturarlas.

Galeano perdura cada vez que a fuerza de tachaduras se simplifica un párrafo y gracias a una laboriosa paciencia se logra que una frase parezca espontánea.

Eduardo flota en la tristeza de las ciudades puerto que exportan riquezas e importan Cartas de Intención y modas culturales.

Galeano anda en la ruta de los Nadies, en el sendero de los Ningunos, en el calendario  de los Nuncas, en el catastro de los Nadas.

Eduardo madruga para chapotear en el mar de Macuto antes de tomar el autobús que lo amanece en Caracas o el tranvía que lo deja en Machu Picchu.


Cuál vía de América  no se habrá hecho Nuestra gracias a Galeano,  que injusticia no habrá denunciado, que Judas no habrá quemado con el resplandor de la palabra.

En cual línea de escritor que asume el compromiso no quedara algo de la mirada celeste de Eduardo.

De cual escrutinio sobre América Latina y el Caribe podrán proclamarse ausentes las cavilaciones de Galeano.

 No desecha el peregrino ningún sendero, ni descarta Eduardo las vías del cuento, de la novela, del reportaje, de la Historia, de la poesía,  del ensayo, para tejer la red infinita que abarque la dimensión continental de sus pasiones.

No permite Galeano que la gravedad y la densidad de esas pasiones lo alejen del capricho del futbol, recordatorio de que la vida es juego, de que la trivialidad de la patada no excluye la gracia del cabezazo ni la plenitud del gol.


Nació Eduardo con un defecto congénito que no le permite voltear hacia el pasado sino para vislumbrar el futuro ni aislarse más que para sentir la compañía de la innumerable humanidad.

Una nefasta tarde de martes llueve y caigo en un pesado sopor. Despierto y en el correo electrónico Eduardo que nunca duerme me envía un abrazo solidario porque se entera antes que yo de que Hugo Rafael ya no nos acompaña.

Galeano sigue con nosotros mientras deseemos la Utopía. Cada quien es tan imperecedero como el proyecto que asume. La patria de Eduardo y de todos los latinoamericanos y caribeños es el futuro: allí nos encontramos y nos reencontraremos, por los signos de los signos, en el titánico símbolo que por fin nos exprese y nos una.


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  1. Rajatabla  
  2. Dictadura Mediática en Venezuela  
  3. La invasión paramilitar: Operación Daktari
  4. Socialismo del Tercer Milênio
  5. La Ciencia: Fundamentos y Método  
  6. El Imperio Contracultural: del Rock a la Postmodernidad
  7. El pensamiento del Libertador: Economía y Sociedad
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[*] Luis Britto García. Caracas, 1940. Narrador, ensayista, dramaturgo, dibujante, explorador submarino, autor de más de 60 títulos. En narrativa destacan Rajatabla (Premio Casa de las Américas 1970) Abrapalabra, (Premio Casa de las Américas 1969) Los fugitivos, Vela de armas, La orgía imaginaria, Pirata, Andanada y Arca. En teatro, La misa del Esclavo (Premio Latinoamericano de Dramaturgia Andrés Bello 1980) El Tirano Aguirre (Premio Municipal de Teatro1975) Venezuela Tuya (Premio de Teatro Juana Sujo en 1971) y La Opera Salsa, con música de Cheo Reyes. Con Me río del mundo obtuvo el Premio de Literatura Humorística Pedro León Zapata. Como ensayista publica La máscara del poder en 1989 y El Imperio contracultural: del Rock a la postmodernidad, en 1990, Elogio del panfleto y de los géneros malditos en el 2000; Investigación de unos medios por encima de toda sospecha (Premio Ezequiel Martínez Estrada 2005), Demonios del Mar: Corsarios y piratas en Venezuela 1528-1727, ganadora del Premio Municipal mención Ensayo 1999. En 2002 recibe el Premio Nacional de Literatura, y en 2010 el Premio Alba Cultural en la mención Letras .

sábado, 5 de outubro de 2013

General Vo Nguyen Giap, 1911-2013 (in memoriam)

Iraque: Por que as lições do Vietnã ainda são importantes

20/8/2003, [*] Pepe Escobar, Asia Times Online – The Roving Eye
Traduzido pelo pessoal da Vila Vudu

Incluímos também este excelente vídeo-documentário, que se segue, realizado por Sílvio Tendler com o general Giap em 2011


De Hanói. Assim como em apenas poucos anos os norte-americanos perderam os corações e mentes dos sul-vietnamitas, eles perderam também, em apenas poucas semanas, os corações e mentes da maioria dos iraquianos – o que, em resumo, significa perder a guerra, seja qual for o resultado estratégico final. Negativas topográficas – aqui é o deserto da Mesopotâmia, não a selva da Indochina – não funcionam, nem funcionam as negativas que dizem que os iraquianos não são tão politizados quanto eram, pelo comunismo, os vietnamitas. Nada disso sequer se aproxima do que interessa: como aconteceu no Vietnã, o que acontece agora no Iraque tem tudo a ver com patriotismo e nacionalismo.

Tariq Aziz
Como dizia, antes da invasão norte-americana, o ex-vice-premiê do Iraque, Tariq Aziz, “que nossas cidades sejam nossos pântanos e nossos prédios, nossas selvas”. Mohammed Saeed al-Sahaf, codinome “Ali Cômico” [orig. Comical Ali], o inesquecível ex-ministro da Informação, costumava dizer que o Iraque seria “outra Indochina”.

A estratégia de guerra de guerrilhas contra o que se considerava uma inevitável invasão norte-americana foi aperfeiçoada no Iraque durante anos. E o estrategista-professor não era general, nem assírio, nem mesopotâmico, mas o legendário Vo Nguyen Giap, general vietnamita que coordenou as vitórias contra o colonialismo francês e a intromissão dos EUA.

"Ali Cômico"
Os estrategistas iraquianos – de oficiais do exército a membros do Partido Ba’ath – sempre foram aplicados estudiosos da Guerra do Vietnã, que no Vietnã é chamada “Guerra Americana”. Além disso, a população iraquiana urbana é muito bem educada e analisa os eventos com profundo senso histórico – tanto quanto os vietnamitas. Os iraquianos não são ingênuos ou enganáveis a ponto de acreditarem no que dizem as forças de ocupação, que se trataria de “construir uma nação” – e não veem nenhum resultado tangível desde a “queda” de Bagdá, dia 9/4 [de 2003]. Desde o início – a primeira gigantesca manifestação popular partiu da mesquita Abu Hanifa em Bagdá, dia 18/4 [de 2003] –, a “libertação” do povo iraquiano pelos EUA foi vista por muitos setores no Iraque como guerra de libertação nacional, uma “guerra popular” no sentido de Giap, contra um agressor imperialista.

Está tudo escrito em Vo Nguyen Giap - Selected Writings, [1] seleção de escritos dos anos 1969-91 publicada por Gioi Editions em Hanói: a estratégia e as táticas de uma guerra de libertação nacional e como foi organizada “a guerra popular contra a agressão norte-americana”. O Partido Ba’ath e os Guardas Republicanos não implementaram o que haviam aprendido – com os principais comandantes militares, depois de uma campanha de intimidação preventiva, afinal comprados com dinheiro do Pentágono e promessas de refúgio seguro (ver “O negócio em Bagdá”, 25/4[2003]). Mas basicamente, a mesma estratégia está sendo agora implementada pelos vários grupos que constituem hoje a resistência nacional iraquiana.

Em todos os casos, sempre se trata de confundir, atormentar e desmoralizar exército muitas vezes maior. Veteranos da Guerra Americana em Hanói – que se reúnem diariamente às margens do Lago Hoam Kien para conversar sobre o passado e o presente – dizem que sempre se tratou de consciência nacional, patriotismo e tradições locais: segundo Giap, “o amor à terra natal, associado ao espírito democrático e ao amor ao socialismo”. No Iraque o ímpeto é o mesmo – com “amor ao Islã” substituindo o “amor ao socialismo”. O nacionalismo iraquiano e o sentimento anti-imperialista é tão forte aqui quanto foi no Vietnã.

Giap escreveu que: “(...) devem-se criar as condições para atacar o inimigo por todos os meios adequados e as forças urbanas revolucionárias devem ser coordenadas com as áreas rurais”: hoje, significa atacar em Bagdá e no cinturão sunita (já avançando na direção do sul sunita). O passo seguinte da resistência iraquiana deve ser, aplicando-se Giap, “combinar forças armadas e forças políticas, insurreição armada e guerra revolucionária”. Implica uma estratégia concertada do cinturão sunita aliado a grupos xiitas, muitos dos quais já adotaram uma posição de “esperar para ver”, de mal disfarçada hostilidade contra o regime pró-consular norte-americano.

Giap é claro e direto: “A estratégia da guerra popular é estratégia de guerra prolongada”. A resistência iraquiana segue Giap, ao pé da letra. A ideia não é que não possa haver saddamistas fiéis, por trás dos ataques contra os norte-americanos: se houver, serão apenas um item a mais, na mesma equação. Giap escreveu que os norte-americanos e o governo fantoche do Vietnã do Sul são apoiados por “uma repressão brutal e uma máquina de coerção, e aplicam contra nossos compatriotas uma política de barbárie fascista”. É exatamente assim que a resistência – e cada dia mais o próprio povo do Iraque – veem os soldados norte-americanos, cada dia mais apavorados e desmoralizados, atirar contra mulheres e crianças inocentes e, até, contra jornalistas estrangeiros que não conheçam. Contra a “máquina de repressão”, Giap recomenda “guerrilha e milícias de autodefesa” em zonas estratégicas – exatamente o que a resistência iraquiana tem providenciado.

O Iraque hoje [2003] já é como o Vietnã depois da Ofensiva do Tet de 1968. Os norte-americanos poderiam ter deixado o Vietnã a qualquer momento – mas teria significado vexame, no sentido asiático, e admitir a derrota. Mas, sim, foi o que aconteceu quando aquele último helicóptero decolou da embaixada dos EUA em Saigon, em abril de 1975. Ainda que tivessem alguma intenção de fazê-lo, o que não têm, a Casa Branca e o Pentágono – apesar de já terem declarado vitória – simplesmente não podem sair do Iraque [é verdade ainda hoje, dez anos depois! (NTs)]. Eles sabem que, no instante em que os EUA saírem de lá, um governo democraticamente eleito, de maioria xiita e antiamericano assumirá o poder (já aconteceu [2])– assim como um governo comunista antiamericano assumiu o poder no Vietnã. Se os EUA permanecerem no Iraque “por anos” – como diz o Pentágono – a questão será sempre a mesma: quantos sacos de cadáveres serão necessários, antes de que a opinião pública norte-americana exija a retirada?

Os ataques da resistência iraquiana são executados por grupos pequenos, quase todos bem treinados, que em geral conseguem safar-se sem baixas. Seguem o ensinamento clássico de Giap: desmoralizar os soldados dos EUA e, ao mesmo tempo, aumentar o sofrimento já insuportável da população, para, assim, manter vivo o ressentimento contra as forças de ocupação. Asia Times Online tem ouvido vários ex-altos oficiais do exército de Saddam – agora desempregados – que têm sido convidados a unir-se à resistência; respondem, invariavelmente, que, sim, acabarão por se unir à resistência, “se os EUA continuarem a nos humilhar”. Outros estão financiando pequenos grupos de guerrilheiros, ao custo de milhares de dólares. A recompensa para qualquer um que lance um foguete contra veículo de combate norte-americano é de cerca de US$350 – o suficiente para comprar o que é hoje um sonho de consumo, encontrável no mercado parcialmente livre em Bagdá: um aparelho de televisão em cores conectado por satélite.

No Vietnã, a resistência foi organizada pelo Partido. No Iraque, é organizada pelas tribos. Chefes de tribos – praticamente todos eles defensores de Saddam – estão já próximos do fim do “período de graça” que concederam aos norte-americanos. A resistência conta tanto com ex-oficiais do exército e membros do ex-Partido Ba’ath, como com jovens desempregados que respondem ao apelo de clérigos sunitas, seus chefes tribais; e, em termos mais gerais, com o patriotismo árabe.

A resistência pode contar, em termos potenciais, com 600 mil indivíduos, que foram desmobilizados pelo regime pró-consular norte-americano. Com mais de 20 anos de guerra, praticamente toda a população masculina do Iraque já está militarizada. Mais de 7 milhões de armas foram distribuídas pelo regime de Saddam Hussein. Milhões de foguetes e morteiros foram abandonados, quando o regime entrou em colapso. A organização da luta armada no Iraque – no sentido de Giap – pode ainda engatinhar, mas os resultados são cada dia mais devastadores. A “guerra popular” se aprofunda: mísseis terra-ar lançados contra aviões de transporte; sabotagem no oleoduto Kirkuk-Ceyhan. O Comando Central dos EUA admite que o número de ataques já chega a 25 ataques por dia.

Esses mujahideen sunitas iraquianos – contraparte dos mujahideen sunitas afegãos que lutaram na jihad antiamericana no Afeganistão – contam com a ativa cumplicidade da população local, exatamente como no Vietnã. Tudo se encaminha para uma “guerra popular” no sentido de que todos, em cada bairro ou comunidade, sabe quem organizou cada ataque, mas nada informam aos invasores. Mas e quanto aos vídeos em que Saddam incita a uma jihad contra os norte-americanos? Saddam não é Ho Chi Minh – líder legítimo de uma luta de libertação nacional. Não há no Iraque muita nostalgia de Saddam. Nem os ex-oficiais do exército têm saudades – ou, vale registrar, mostram-se muito otimistas quanto ao sucesso dos guerrilheiros. Eles sabem que, mais uma vez, o povo iraquiano será a maior vítima – com os norte-americanos obcecados, sobretudo, com a própria segurança, não com a segurança do povo do Iraque. Mas, mesmo assim, muitos ex-oficiais mostram-se prontos a unir-se à resistência.

McNamara encontra  O General Giap em 1995
Em 1995, no 20º aniversário do fim da Guerra Americana (Vietnã), o ex-secretário de Defesa dos EUA, Robert McNamara teve um encontro com o legendário Giap em Hanói. O velho guerreiro disse-lhe que os EUA entraram naquela guerra sem saber coisa alguma da longa e complexa história do Vietnã, de sua cultura e do espírito de luta contra ondas de invasores. McNamara teve de concordar. Os EUA saíram do Vietnã cobertos de vergonha e humilhados. No Iraque, os empresários bushistas esperam levar, pelo menos, o petróleo. E os jovens soldados norte-americanos estão morrendo exatamente por isso: a Ordem Executiva n. 13.303, assinada por George W Bush em maio passado [2003].

A Ordem Executiva n. 13.303 declara que, no que tenha a ver com “todo o petróleo e derivados no Iraque, e interesses associados a esses produtos”, “todos os contratos, sentenças, decretos, ordens executivas, guarda, produção e todos os processos judiciais ficam proibidos, e devem ser considerados nulos e cancelados”. Em outras palavras, segundo Jim Vallette, do Instituto de Estudos Políticos em Washington, “o decreto de Bush, na realidade, declarou que todo o petróleo do Iraque passava a ser propriedade definitiva das empresas de petróleo dos EUA”.


A resistência iraquiana conhece perfeitamente os termos da Ordem Executiva n. 13.303 – e por isso vive a sabotar e continuará sabotando o crucial oleoduto Kirkuk-Ceyhan. Quanto mais os iraquianos sejam obrigados a esperar que o dinheiro do petróleo volte a correr na direção do Iraque e ajude a reconstruir o país, mais o governo de transição imposto pelos EUA perdera sua já fraquejante credibilidade. De tudo isso, a população iraquiana só sabe, com certeza, que a gasolina é vendida a preços altíssimos sempre no mercado negro; e que, nas casas, só há eletricidade durante três horas por dia.

Giap também escreveu que a resistência no Vietnã tinha de “esmagar o projeto maquiavélico do imperialismo norte-americano, de fazer vietnamitas combaterem contra vietnamitas, de alimentarem guerra com guerra”. Os norte-americanos estão cometendo o mesmo erro no Iraque.

Os EUA foram ao Vietnã, dentre outros fatores, para reforçar a própria credibilidade simbólica e exibir novas tecnologias militares. No Iraque, a demonstração teatral foi, sem dúvida, poderosa, mas a credibilidade simbólica está sendo reduzida a cinzas. No Vietnã, os EUA quiseram fazer uma demonstração de como esmagar regimes revolucionários nacionais, no sempre depreciativamente ainda chamado Terceiro Mundo. Falharam miseravelmente. No Iraque, os EUA sonharam com mostrar como “corrigir” regimes ex-fregueses que se desencaminhem. Também estão falhando miseravelmente – com as condições ali cada dia mais maduras para uma guerra popular que leve ao surgimento de mais um regime nacional revolucionário.

A ideia do n. 2 do Pentágono, Paul Wolfowitz, para uma ordem política e econômica no Iraque é em tudo semelhante ao que os EUA queriam no Vietnã do Sul – e semelhante também ao que os EUA estavam forçando em todo o Terceiro Mundo nos anos 1950s e 1960s. No Vietnã, os EUA tinham o poder e o controle de um governo fantoche (do Vietnã do Sul). Mas falharam completamente e não conseguiram criar sistema político, econômico e ideológico viável, capaz de resistir à revolução dos vietnamitas. Implica que a derrota não militar dos EUA foi ainda mais crucial que o impasse militar em que se meteram.

O mesmo pode estar acontecendo no Iraque. Wolfowitz e companhia não estão, não, de modo algum, interessados em alguma democracia, porque sabem que em eleições livres, justas e democráticas, o Iraque se encaminhará para governo xiita, provavelmente regido pela lei da Xaria, e com absoluta certeza antiamericano [como hoje sabemos que aconteceu. NTs]. No Iraque, como no Vietnã, os EUA só implantaram um sistema militar de fato. Esse sistema deverá controlar – ou, eufemisticamente, “supervisionar” – a estrutura política e, mais importante, como Asia Times Online já demonstrou, a nova ordem econômica subsidiada pelos EUA. Em todos os sentidos, pelo projeto de Wolfowitz, o Iraque deve ser convertido em colônia dos EUA.

No Vietnã, os EUA não foram capazes de converter seu descomunal poder de fogo em algum tipo de sedução política. Dialéticos refinados, os veteranos da Guerra Americana, hoje, em Hanoi, dizem que, de tanto bombardear indiscriminadamente o Vietnã, os EUA provocaram trauma psicológico e econômico quase insuperável: desse modo, os EUA jamais conquistarão corações e mentes. Sobre o Iraque, hoje, do qual também falam, dizem que o Pentágono ainda não aprendeu uma lição de importância crucial: é absoluta e completamente impossível abordar com violência uma sociedade complexa, sem provocar corrosões sociais que, na continuidade, sempre levarão ao colapso de qualquer regime fantoche.

Se Washington subestimar a resistência iraquiana, o risco é seu. A resistência está aprendendo depressa, na luta, as lições do Vietnã – onde os comunistas, em guerra longa, derrotaram a maior máquina de guerra que o mundo jamais produzira, e por três razões, como diria Giap: a descentralização, a mobilização de massa e táticas militares de alta mobilidade. Giap articulou um conjunto de manobras políticas, organizacionais e técnicas, para contrabalançar a gigantesca máquina de guerra dos EUA, que pode ser aplicado pelas forças de resistência em qualquer ponto do mundo, especialmente no Iraque [em 2003, ou na Síria, em 2013, por que não? (NTs)].



Notas dos tradutores

[1] Vo Nguyen GIAP, “Guerra do Povo, Exército do Povo”, Editora Ulmeiro, s/d. Tradução Manuel Reis Ferreira, Edição e Coordenação José Fortunato, Lisboa. Em Textos Marxistas do sítio Primeira Linha lê-se o prólogo à edição cubana de 1962 escrito por Che Guevara (esp.).
[2] “O primeiro-ministro do Iraque, Nouri al-Maliki, foi eleito para um terceiro mandato como presidente do Partido Dawa Islâmico, em eleições das quais participaram inúmeros líderes políticos iranianos, mas que mídia ignorou completamente. Essa eleição é o primeiro passo no processo pelo qual Maliki deve renovar pela terceira vez seu mandato como primeiro-ministro. O Partido Dawa Islâmico é um dos mais antigos partidos religiosos do Iraque. Foi fundado em meados dos anos 1950s, inspirado pelas ideias do conhecido clérigo xiita Muhammad Baqir al-Sadr”. (18/3/2013, “Maliki Reelected as Dawa Head for Third Time”, Mushreq Abbas, Al-Monitor).
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[*] Pepe Escobar
(1954) é jornalista, brasileiro, vive em São Paulo, Hong Kong e Paris, mas publica exclusivamente em inglês. Mantém coluna (The Roving Eye) no Asia Times Online; é também analista e correspondente das redes Russia Today, The Real News Network Televison e Al-Jazeera. Seus artigos podem ser lidos, traduzidos para o português pelo Coletivo de Tradutores da Vila Vudu, no blog redecastorphoto.
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terça-feira, 5 de março de 2013

¡Gloria al bravo Chávez!


5/3/2013, Distribuído na Internet por Rosa Cristina Báez Valdéz
Traduzido pelo pessoal da Vila Vudu



Custa muito assimilar a dolorosa notícia do falecimento de Hugo Chávez Frías. Impossível não maldizer o infortúnio que priva Nossa América de um dos poucos “imprescindíveis”, no dizer de Bertolt Brecht, na luta ainda em curso por nossa segunda e definitiva independência.

A historia dará seu veredicto sobre a tarefa que Chávez cumpriu, e não se duvida de que será veredicto muito positivo. À parte qualquer discussão que se possa travar legitimamente no interior do campo antiimperialista – nem sempre suficientemente sábio para distinguir com clareza entre amigos e inimigos –, é preciso começar por reconhecer que o líder bolivariano virou uma página da história da Venezuela e, por que não?, também da história da América Latina.

A partir de hoje se falará de uma Venezuela e de uma América Latina antes e de outras depois, de Chávez, e não seria temerário conjecturar que as mudanças que impulsionou e que protagonizou como bem poucos em nossa história levam a marca da irreversibilidade. Os resultados das recentes eleições na Venezuela – reflexo da maturidade da consciência política de um povo – dão base a esse prognóstico. Talvez haja regressões na trilha das nacionalizações e se privatizem empresas públicas, mas é infinitamente mais difícil conseguir que um povo que afinal conheceu a própria liberdade e a própria potência, volte atrás e se deixe outra vez submeter.

Em sua dimensão continental, Chávez foi o protagonista na derrota que o continente impusemos ao mais ambicioso projeto do Império para a América Latina: a ALCA. Bastaria isso para instalá-lo na galeria dos grandes de Nuestra América. Mas fez muito mais.

Líder popular, representante genuíno de seu povo, com o qual se comunicava como nenhum governante antes dele soubera fazer, sentia desde jovem o mais visceral repúdio pela oligarquia e o imperialismo. Esse sentimento evoluiu até tomar a forma de projeto racional: o socialismo bolivariano, socialismo do século 21.

Chávez foi quem, em plena noite neoliberal, reinstalou no debate público latinoamericano – e, em grande medida, também no debate internacional – a atualidade do socialismo. Mais que isso, a necesidade do socialismo como única alternativa real, não ilusória, ante o inexorável desmonte do capitalismo, denunciando as falácias das políticas que procuram solucionar sua crise integral e sistêmica preservando os parâmetros fundamentais de uma ordem econômico-social historicamente já desencaminhada.

Como recordávamos acima, foi Chávez, também, o comandante-em-campo que impôs ao imperialismo a histórica derrota da ALCA em Mar del Plata, em novembro de 2005. Se Fidel foi o general estrategista dessa longa batalha, aquela vitória teria sido impossível sem o protagonismo do Chávez bolivariano, cuja eloquência persuasiva precipitou a adesão do anfitrião da Cúpula de Presidentes das Américas, Néstor Kirchner; de Luiz Inacio “Lula” da Silva; e da maioria dos chefes de Estado ali presentes e, de início, pouco propensos – quando não abertamente contrários – a desagradar o imperador bem ali, nas barbas dele.

Quem, senão Chávez, teria podido virar aquela mesa?

O instinto de sobrevivência dos imperialistas explica a implacável campanha que Washington lançara contra seu governo, desde antes do primeiro dia. Cruzada que, ratificando uma deplorável constante histórica, contou com a colaboração do infantilismo ultraesquerdista que, dentro e fora da Venezuela, pôs-se objetivamente a serviço do Império e da reação.

Por isso, a morte de Chávez deixa um vazio difícil, senão impossível, de preencher. Àquela excepcional estatura como líder de massas unia-se a clareza de visão de que, como poucos, sobre decifrar e agir inteligentemente na complexa trama geopolítica do Império que visa a perpetuar a subordinação da América Latina.

Àquela trama só se poderia dar combate se se fortalecesse – alinhado às ideias de Bolívar, San Martín, Artigas, Alfaro, Morazán, Martí e, mais recentemente, de Che e de Fidel – a união dos povos da América Latina e Caribe.

Força livre da natureza, Chávez “reformatou” a agenda dos governos, partidos e movimentos sociais da região, com uma interminável torrente de iniciativas e de propostas integracionistas: da ALBA à Telesur; da Petrocaribe ao Banco do Sul; da UNASUR e do Conselho Sulamericano de Defesa à CELAC. Iniciativas, todas essas, que têm um mesmo indelével código genético: o fervente, firme, jamais vacilante anti-imperialismo de Chávez.

Chávez já não estará entre nós, irradiando essa transbordante cordialidade; o rico, fulminante senso de humor que desarmava os arranjos de protocolo; sua generosidade, o altruísmo que o faziam tão querido. Martiano até a medula, sabia que, como disse o Apóstolo cubano, nenhum homem sem leitura será jamais livre. Foi homem de curiosidade intelectual sem limites.

Em tempos em que praticamente nenhum chefe de Estado lê coisa alguma – o que leriam os seus detratores, Bush, Aznar, Berlusconi, Menem, Fox, Fujimori? – Chávez foi o leitor com que todos os autores sonham para seus livros. Lia muito, apesar das pesadas obrigações e responsabilidades de governo. E lia com paixão, tendo sempre a mão lápis, canetas, marcadores de texto de várias cores, com que ia marcando e anotava as passagens que o interessavam, as melhores frases, os argumentos de mais peso, de tudo que lia.

Esse homem extraordinário, que me honrou com sua amizade, está morto.

Deixou-nos um legado imenso, inapagável, e os povos de Nuestra América, inspirados por seu exemplo continuarão a andar pela trilha que leva à nossa segunda e definitiva independência.

Acontecerá com ele o que aconteceu ao Che: a morte, em vez de apagá-los da cena política, agigantará sua presença e sua gravitação nas lutas de nossos povos e de nosso tempo. Por um desses paradoxos que a história reserva só aos grandes, a morte o converte em personagem imortal. Parafraseando o hino nacional venezuelano:

¡Gloria al bravo Chávez! 
¡Hasta la victoria, siempre, Comandante!