Mostrando postagens com marcador Mid-Term. Mostrar todas as postagens
Mostrando postagens com marcador Mid-Term. Mostrar todas as postagens

terça-feira, 16 de novembro de 2010

La sociedad norteamericana está dividida y desorientada


Entrevista al profesor Luiz Alberto Moniz Bandeira


·          Las elecciones parlamentarias norteamericanas celebradas el pasado 3 de noviembre han dejado al presidente Barack Obama y al Partido Demócrata en una situación extremadamente complicada al perder la mayoría en el Congreso, frente a los republicanos.

·          En dialogo con La ONDA digital, el politólogo y analista internacional, Luiz Alberto Moniz Bandeira, analiza las perspectivas del presidente Obama luego de este fracaso. El intelectual brasileño también aborda en el contesto de la crisis económica mundial las derivaciones de este hecho para Europa y Sudamérica



-Se afirma que el reciente fracaso de los Demócratas en las elecciones legislativas norteamericanos se debe a que las medidas económicas de Obama no son bien recibidas. ¿Se puede pensar que Obama ya esta políticamente liquidado?
- El fracaso electoral del presidente Barack Obama era perfectamente previsible. Su política, de modo general, fue muy inconsecuente. No ha cumplido – ni siquiera – con la mitad de sus compromisos de campaña. Consiguió solamente aprobar la reforma de la seguridad social y la reglamentación del sistema financiero, lo que desagradó a los republicanos. Pero, por otro lado, intensificó la guerra en  Afganistán, el retiro de las tropas de Irak fue parcial,  o mejor, más una burla, puesto que los Estados Unidos siguen ocupando el país con 50 mil soldados.  No se puede decir que esté políticamente liquidado. En política no se puede decir algo así. Todo va a depender de las circunstancias.

- ¿Que puede pasar en los Estados Unidos?
– La crisis es una crisis global, profunda, pero su epicentro se encuentra en Estados Unidos. Los próximos años le van a ser muy difíciles, tanto económica y financieramente, como social y políticamente. La sociedad está muy dividida y desorientada. La crisis es quizás mucho peor que la desencadenada por el crack de 1929. Actualmente, con la devaluación del dólar, ocurre algo parecido con la crisis del inicio de los años 1930, en Estados Unidos, millones de inversores individuales se empobrecieron y millares de bancos y otras instituciones financieras se volvieron insolventes.  El gran grupo bancario  J. P. Morgan, con sus inmensos recursos, fue afectado, los créditos se agotaron y Estados Unidos no estuvo en condiciones de financiar el pago de las reparaciones adeudadas por Alemania.  

El crack del 29 de octubre de 1929, en Nueva York, se propagó y afectó profundamente a los países de Europa, evidenciando el profundo entrelazamiento de sus economías, en el sistema capitalista mundial. Francia, Inglaterra y todos los países del Commonwealth (excepto  Canadá), Irlanda, los países de Escandinavia, Australia, Nueva Zelanda, Irak, Portugal, Tailandia, y algunos países de América del Sur (Brasil, Chile, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela) acompañaron a Gran Bretaña, abandonando el gold standard en 1931. La devaluación del dólar está a   punto de deflagrar una guerra cambiaria, que encubre, en realidad, la guerra comercial, como ocurrió a comienzos de los años 1930.  Y lo que puede pasar en los Estados Unidos es también imprevisible. La situación es muy fluida, en rápido proceso de mutación. La inyección de 600 mil millones de dólares, hecha por el FED, para dar suficiente liquidez al mercado y dar al país mayor competitividad  en el comercio internacional,  no va a resolver los problemas de Estados Unidos. La depreciación del dólar no va necesariamente hacer la economía americana crecer.  Seguramente va a aumentar la inflación. Y, países como Brasil, junto con sus socios del Mercosur, tendrán que elevar bastante los aranceles aduaneros para evitar el dumping que Estados Unidos quiere promover en el mercado mundial.  La guerra comercial, como resultado de la guerra cambiaria, va a ser un desastre.

-   La baja votación de los ciudadanos muestra que la juventud y los afrodescendientes no votaron masivamente en esta oportunidad, como lo fue en el momento que Obama es elegido presidente. ¿Están decepcionados de Obama?
– Si, los  afrodescendientes y los jóvenes están evidentemente decepcionados con las tímidas reformas del presidente Barack Obama, que no se ha apartado, de modo general, de la línea política del ex presidente George W. Bush.  No hubo un cambio significativo en su política internacional. A pesar de algunas pálidas iniciativas con respecto a Cuba, mantuvo la política de Bush con respecto a Israel y al tema de Palestina. Retrocedió y aceptó el golpe militar en Honduras. Y, además, intensificó las operaciones en Afganistán, donde, durante los dos años  de su gobierno (2009-2010), ya fueron abatidos 741 soldados americanos, más que en los ocho años anteriores,  desde que el presidente George W. Bush empezó la guerra en 2001, y cuya suma fue de 620 bajas. Hasta ahora, fines de 2010, el total de soldados americanos muertos en  Afganistán es de cerca de 1371 y la guerra  continúa.
  
-     En los EEUU. y Europa la crisis económica esta llevando a que la derecha radical gane posiciones y avance electoralmente. ¿Es que los sectores progresistas no tienen un proyecto viable para salir de esta crisis de la economía?
 - La crisis económica está llevando a la derecha, pero no la derecha radical, a ganar posiciones electorales, a pesar de que algunos gobiernos tengan que hacer ciertas concesiones en determinados casos, como la inmigración. Pero el avance de la derecha se debe al hecho de que también los partidos que serian considerados progresistas o incluso de izquierda, no ofrecen ninguna perspectiva de solución para los problemas de la actualidad. La crisis económica todavía es muy grave y aún no está superada, por lo que hace recrudecer las luchas sociales en todos o casi todos los países de Europa. Pero la verdad es que  los partidos, de centro-derecha o de centro izquierda casi no se diferencian y los partidos más hacia la izquierda, viven en el pasado, históricamente superado, y sus propuestas no son consistentes  con las nuevas circunstancias económicas, sociales y políticas que se presentan en el siglo XXI. La clase  obrera sigue existiendo, pero ya no es la  misma que la del tiempo de Marx o Lenin. El desarrollo tecnológico ha cambiado la estructura del capitalismo y de las propias clases sociales.

-     ¿Se esta en la puerta de que el pensamiento norteamericano sea el pensamiento único?
– No creo que el pensamiento norteamericano pueda tornarse el pensamiento único. La crisis económica y consecuentemente social va a producir diferencias políticas y  del modo de pensar. Las circunstancias en que los pueblos viven son muy distintas y no van aceptar el pensamiento americano. Y, además, es necesario tener claro que los Estados Unidos están en una acentuada decadencia, que puede durar todavía décadas, pero es inevitable que más tarde o más temprano su dominio imperial llegue a su fin.

-     Se dice que los sectores republicanos que ahora acceden al Congreso  buscan una restauración conservadora, que de vía libre a las guerras con Afganistán e Irán y la promoción del Libre Mercado. ¿Esto puede ser posible con Obama?
- El Departamento de Defensa de Estados Unidos empleaba en octubre de 2009 un total de 193.674 contractors i. e.,  mercenarios (militares contratados por empresas privadas - Private MIlitaries Companies (PMCs) - en Irak y Afganistán, el equivalente al números de soldados regulares, de acuerdo con le informe del Congressional Research ServiceSin embargo, menos del cinco por ciento de los mercenarios eran norteamericanos y una menor cantidad, aún, de irakíes.

El restante 88 por ciento venían de otros países, tales como Fidji, Nepal, Chile y Nigeria. Lo que ocurre es una tercerización de la guerra, la guerra como negocio de grandes empresas, pero incluso así, hay un limite, porque la crisis económicas y financiera no va a permitir que el Departamento de Defensa de los Estados Unidos, el Pentágono, siga gastando  recursos para financiar las empresas privadas militares. En cuanto a la promoción del libre mercado, sí, el gobierno de Estados Unidos va a insistir exactamente para expandir sus negocios y reducir sus permanentes déficit comerciales. Empero, no sé si va tener un éxito completo, porque países como Brasil y Argentina y otros van a resistir. Si lo aceptasen, sería un suicidio nacional, el fin de sus industrias e - incluso – de su agricultura, porque la de Estados Unidos es subsidiada.

-     Algunos ganadores en la elección de EEUU. apoyaron el golpe en Honduras, se muestran hostiles con el gobierno de Venezuela y Bolivia, proponen militarizar las fronteras mexicanas y  proponen frenar toda apertura a Cuba. ¿Se puede esperar que haya un nuevo periodo de enfrentamiento con Sudamérica?
– Las tensiones con Sudamérica tienden a recrudecer. Y una potencia es más peligrosa cuando está perdiendo su hegemonía, su dominio imperial, como ocurre con los Estados Unidos, cuando expande su poder, su predominio sobre otras regiones.

-     Ante el reciente triunfo de Dilma en Brasil y la muerte de Kirchner en Argentina, ¿se pueden esperar cambios en la marcha de la integración Sudamericana?
– El triunfo de Dilma Rousseff en Brasil y la muerte de Kirchner no van a producir cambios en la marcha del proceso de integración de Sudamérica. La muerte de Kirchner lamentablemente, es una gran pérdida, pero creo que Cristina Kirchner va a impulsar la marcha junto con Dilma Rousseff.

Moniz Bandeira nacio en Bahia, tiene 74 años y actuó durante varios años como periodista y militante político, antes de formarse en Derecho y después doctorarse en Ciencia Política en la Universidad de São Paulo. Dio clases en Universidades en Brasil y en el exterior, especializándose sobre política internacional.

Moniz Bandeira escribió varios libros entre ellos;  “Presencia de los EE.UU. en Brasil (Dos Siglos de Historia)”, “Carteles y Desnacionalización”, “Brizola y el laborismo”, “El Eje Argentina-Brasil - el proceso de integración de América Latina”, “Brasil-Estados Unidos, la rivalidad emergente (1955-1980)”, “Brasil, Argentina y EE.UU. - de la triple alianza al Mercosur”, “Las relaciones peligrosas: Brasil-Estados Unidos (De Collor a Lula”), “Fórmula para el caos – la caída de Salvador Allende, 1970-1973”, “Formación del Imperio Americano (De la guerra contra España a la guerra de Irak).  (“La Reunificación de Alemania - del Ideal Socialista al Socialismo Real”, “El ‘milagro alemán’ y el desarrollo de Brasil”, “Brasil y Alemania, la construcción del futuro”).

enviado por Arnaldo Carrilho

extraído do sítio Onda Digital

sexta-feira, 5 de novembro de 2010

“Sic transit gloria” Obama

5/11/2010, Pepe Escobar. Asia Times Online - Sic transit Gloria Obama
Traduzido pelo Coletivo Vila Vudu

Quer dizer então que o presidente dos EUA Barack Obama admitiu publicamente que ele e seu partido tomaram “uma surra braba” [orig. “a shellacking”] – e que há “modos mais fáceis” para aprender lições políticas... 

Assim sendo, pode-se perdoar um mundo globalizado e atônito, por ceder à tentação de reduzir a política dos EUA a um desenho animado digital – com o movimento “Tea Party” à direita; incendiários e terroristas à esquerda; e massas estúpidas e incoerentes, além de furiosas, presas entre os extremos. (Para o movimento “Tea Party”, não um governo ou um Estado, mas qualquer governo e qualquer Estado, são o mal-em-si, absolutamente equivalentes a terroristas e incendiários; e Obama é, no mínimo, um Republicano light.) E tudo isso, em contexto tóxico, no qual a Suprema Corte dos EUA já virtualmente impôs cerco total à democracia, ao permitir que qualquer empresa financie sem limite ou controle campanhas eleitorais de seus candidatos. 

O “mapa do caminho” que a direita norte-americana usou nos últimos dois anos só tinha uma diretriz: declarar o abissal fracasso do governo Obama desde 20/1/2008, e não mover uma palha para ajudar o país a salvar-se do lodaçal político, econômico e cultural em que esperneia. Agora – pelo menos em teoria –, os eleitores parecem que decidiram denunciar o blefe da direita. 

Mas... será que foi isso? Falar sobre incoerência é muito, muito pouco. Os norte-americanos declararam em pesquisas de boca de urna que culpam, em partes praticamente iguais, Wall Street (35%), Bush (30%) e Obama (23%) pelo desastre econômico em curso nos EUA. Obama majestosamente ferrou tudo e todos, quando optou por ‘resgatar’ Wall Street da maneira como fez. Mas agora os eleitores decidiram passar a coroa para um bando de palhaços e escroques que, antes de Obama, construíram a hecatombe – dentre outras causas, porque apoiaram os cortes de impostos para os mais ricos inventados por George W Bush, e três guerras trilhonardárias e que os EUA jamais vencerão. O lacrimoso John Boehner – provável futuro presidente da Câmara de Deputados – é muito intimamente ligado aos lobbyistas da finança (mas... onde está a novidade?!). Os norte-americanos raivosos elegeram – mais uma vez – Wall Street. 

Palhaços à esquerda, joões-bobos à direita

O xis dessa (triste) questão é que Obama e os Democratas nem se esforçaram para corresponder às grandes esperanças despertadas, em 2008, quando daquele surto coletivo de “Mudanças nas quais possamos crer”. Semearam as sementes da própria derrota. Não surpreende que tenham sido abandonados em massa pelos jovens, pelas minorias étnicas, pelos pacifistas, pelos ambientalistas, enquanto, simultaneamente, massas de centristas, moderados e independentes, todos igualmente irados, tenham procurado refúgio na direita. Some-se a isso a credulidade tola dos eleitores, manipulados pela imprensa das corporações. 

Caberá aos eleitores decidir se Obama 2.0 ficará preso à arapuca de Washington, avesso ao diálogo e cada vez mais isolado, ou se – como Obama insistiu na conferência de imprensa na Casa Branca na 4ª-feira – ele andará cada vez mais para a direita, fazendo concessões a Republicanos que jamais fazem ou farão qualquer tipo de concessão. Nos dois casos, em EUA cada vez mais modelados como plutocracia neofeudal, segundo padrões e critérios do poder das corporações, o lado perdedor já é e cada vez mais será o que ainda se chama convencionalmente de “democracia”.

É absurdo esperar que Obama venha a conectar-se repentinamente ao Martin Luther King interior, que repentinamente se ponha a andar sobre as águas e que lidere as massas até a Terra Prometida, se a maioria absoluta dos trabalhadores e da classe média norte-americana – manipulada por agentes de interesses específicos, e inoculada pela grande mídia com dogmas conservadores como, dentre outros, que pagar impostos seria estupidez – já nem sabem mais, hoje, o que apóiam e o que não apóiam.

O beijo da morte

Nessa terra esterilizada e seca, pelo menos para os progressistas, a Califórnia funcionará como prêmio de consolação – Jerry Brown está de volta ao palácio do governador, depois de ter pulverizado Meg Whitman, bilionária Republicana e ex-presidente executiva de eBay (por dez anos), que supôs que pudesse comprar, literalmente, a própria eleição e gastou espantosos $142 milhões na campanha, a maior parte dos quais dinheiro de sua fortuna pessoal (“responsabilidade fiscal” é isso!) numa campanha ultranegativa e ultra-agressiva. 

Apesar de alguns de seus proteges na Câmara de Deputados terem-se saído satisfatoriamente bem, fato é que na maioria dos casos o discurso de Sarah (“Da minha janela vejo a Rússia!”) Palin funcionou como o beijo da morte – nos estados de Delaware, Colorado, California, Nevada, West Virginia e Alasca.

Os doidos mais doidos do “Tea Party” que concorreram ao Senado foram retumbantes fracassos – como Christine (“A bruxa”) O'Donnell em Delaware. Em Nevada, Sharron Angle fracassou no desafio ao líder da maioria Democrata no Senado Harry Reid, essencialmente porque fez campanha ultrarracista, anti-latinos, em estado no qual o voto dos latinos é decisivo (Reid recebeu 75% desses votos). Angle e O'Donnell tornaram-se rostos conhecidos em todo o país, como doidas varridas. 

Como no caso de Rand Paul, eleito senador Republicano pelo Kentucky, mentes analíticas racionais e confiáveis já suspeitam de que o eleito esteja em surto de mais do que pânico. O discurso da vitória de Paul foi puro populismo de direita fundamentalista – e falou do governo e do Estado, em tons apocalípticos, como menos do que absolutamente inúteis. Se Paul ajudar a empurrar a próxima votação no Senado na direção de aumentar a dívida interna dos EUA, deve-se temer que consiga empurrar todo o país rumo à falência, provocar mais depressão e exportar o inferno – choro e ranger de dentes – econômico para todo o planeta. 

“Tá p’ra lá de bom, pr’um calouro!

O teste de realidade para o movimento “Tea Party” acontecerá se optarem por abandonar a segurança do blá-blá-blá sem nexo contra impostos, o Fed, “comunistas do mal”, variado estoque de teorias de conspirações e “ação legislativa” para cassar a cidadania de Obama (porque não seria nascido nos EUA), e decidirem propor políticas que façam (algum, qualquer) sentido para aprimorar o sistema. Nada garante que escolham a segunda via.

Flash forward até 2012; ao som de Aretha Franklin cantando See Saw, de Don Covay – ouve-se gravação de 1968, em:


e vê-se e ouve também em:


gravação do autor, em:


“[seu amor] going up, down, all around/ like a see saw” [seu amor sobe e desce, todo o tempo, como gangorra” – legiões de eleitores norte-americanos acabarão por perceber que jogaram ao lixo um saco cheio de políticos inúteis, apenas para substituí-los por outro saco cheio de políticos inúteis e mancos.

Todo o cuidado é pouco: há um Obama branco!

A imprensa norte-americana das corporações não dá um pio, mas Obama tem, sim, muito com o que se se preocupar: há um seu avatar branco – Marco Rubio, que foi eleito senador pela Florida. Rubio, 39, é inteligente, bonitão, bom orador, promete o mundo e mais às pessoas e “American Dream” não faz outra coisa além de repetir sua biografia romanceada.

Nascido em Miami, criado em Vegas (onde seus pais, exilados cubanos pobres, ganharam a vida como empregados de hotel), craque de futebol, aluno que trabalhou para pagar os próprios estudos, formado em Direito, católico, esposa loura de família colombiana, quatro filhos – e, presente de Deus ao establishment – Rubio nada tem de doido varrido (embora Palin seja incondicionalmente apaixonada por ele).

Mike Huckabee – ex-candidato a presidente e hoje fofoqueiro-executivo chefe do canal Fox – diz que Rubio é “nosso Obama, com muito mais conteúdo”. Crucialmente importante, o padrinho político de Rubio é ninguém menos que Jeb Bush.

O establishment Republicano jamais, em nenhum caso, permitirá que Palin obtenha a indicação do partido como candidata à presidência (nunca, em nenhum caso, nem passando por cima de seus cadáveres). Rubio pode ser a salvação para os Republicanos em 2012. 

Um Obama gaguejante e inepto permitiu que os Republicanos escapassem à pena capital – porque não permitiu que fossem julgados pelo atoleiro financeiro/econômico em que lançaram o país e, como se não bastasse, deixou que explorassem a seu favor a ira e a revolta provocadas pelas “políticas” deles, dos próprios Republicanos. Agora, depois da “surra braba”, é mais que hora de o presidente mostrar que tem cojones e ir pra cima, jogar no ataque. Poderia começar por demitir todos seus assessores na Casa Branca. Não. Obama não fará nada disso. Anotem aí: o Obama branco vai jantar o Obama negro, com casca e tudo, em 2012.

EUA: A mídia exige que Obama “mova-se para a direita”!

Eleições 2010: Lá como cá, o PRINCIPAL problema é... a mídia!

4/11/2010, FAIR – Fairness & Accuracy in Reporting – Media Misreading Midterms : As usual, press urge a move to the right 
Traduzido pelo coletivo da Vila Vudu

Ante a evidência de que o Partido Democrata sofreu perdas importantes nas eleições de meio de mandado nos EUA, muitos jornalistas e colunistas repetem os diagnósticos de sempre (Extra!, 7-8/2006; FAIR Media Advisory, 3/2/2009): os Democratas não entenderam o “recado” das urnas e caminharam muito para a esquerda. A solução, é claro, como sempre, seria os Democratas voltarem para a direita e reocuparem “o centro”. É diagnóstico rasteiro, que não resiste a qualquer melhor análise.

Durante meses, o problema dos Democratas foi corretamente identificado como “queda acentuada do entusiasmo” – a ideia de que a base progressista dos Democratas não estaria motivada para votar. As pesquisas de boca de urna na última 3a-feira confirmaram que poucos Democratas compareceram para votar. Como, então, entender essa evidência, acoplada à ideia de que Obama e os Democratas estariam implementando políticas excessivamente ‘de esquerda’? Se isso fosse verdade, seria de presumir que os eleitores Democratas acorressem massivamente às urnas, para apoiar sua agenda e a agende de seu partido. É impossível conciliar as duas ideias.

Contra todas as evidências, repórteres e colunistas adotaram a narrativa segundo a qual “se acabaram os dias de vida mansa para Obama, que já não conta com o apoio dos Democratas para insistir em sua agenda de esquerda” (Washington Post, 3/11/2010). “O veredicto das urnas efetivamente põe fim às ambições reformistas de Obama”, anunciou Peter Baker do New York Times, 3/11/2010.

Para muitos, Obama teria outra vez tergiversado no discurso de depois das eleições. Nas palavras de Dan Balz do Washington Post (4/11/2010), Obama “parecia não querer ver que, na opinião de muitos eleitores que em 2008 supuseram que ele fosse homem de centro, seu governo já andou mais do que o admissível na direção da esquerda”. Na CNN (3/11/2010), David Gergen disse que “não acho que Obama tenha assegurado boa posição de jogo pelo centro. E é o que teria de ter feito, em minha opinião, por suas políticas e pela escolha dos assessores.” Gergen citou a “reforma” da Seguridade Social como modo ideal para demonstrar que “Obama conquistou o que havia para conquistar em sua base”.

David Broder do Washington Post (4/11/2010) aconselhou Obama a

“Voltar ao seu plano original de governo, que deixava espaço para acolher os Republicanos e subordinava-se às estratégicas definidas pelo Partido. De fato, os eleitores liberaram Obama das alianças com Nancy Pelosi e Harry Reid, que limitam seu o governo; e o puseram numa posição na qual pode e deve negociar com vários outros grupos de deputados, inclusive com os Republicanos. O mais grave erro do presidente parece ter sido recusar-se a encontrar-se pessoalmente, mano a mano, com o líder da minoria no Senado, sen. Mitch McConnell; ainda não se encontraram nenhuma vez, desde o início do governo Obama, há um ano e meio.”

Susan Page, do USA Today, observou, antes das eleições (29/10/2010):

“Nos seus primeiros dois anos de presidência, Obama agiu como se não precisasse manter relações de trabalho com os Republicanos no Congresso. Com grandes maiorias Democratas no Congresso (...), deveria ter-se aproximado de alguns Republicanos moderados como a senadora do Maine Olympia Snowe, em busca de um ou dois votos Republicanos que acrescentassem uma pátina de bipartidarismo às leis propostas ou aprovadas.”

Esses comentários sobre as políticas de Obama praticamente nada têm a ver com fatos. Todo o trabalho dos Democratas para conseguir aprovar a Reforma da Saúde, por exemplo, concentrou-se em tentar encontrar Republicanos que votassem a favor a reforma. Para isso, exatamente, vários aspectos da lei original foram excluídos ou adaptados – como o direito de o beneficiário escolher –, sempre as cláusulas da proposta original que mais entusiasmavam a opinião pública em geral. (A possibilidade de “pagador único” foi excluída logo no início das negociações com os Republicanos.

A escalada dramática na Guerra do Afeganistão foi desapontamento terrível para a base progressista dos Democratas, tanto quando a defesa das bombas atômicas e a perfuração para extração de petróleo em alto mar. Críticos de esquerda várias vezes manifestaram seu desapontamento com a timidez que a Casa Branca mostrou na reforma de Wall Street e com os pacotes de estímulo à economia. Em todos os casos, foram concessões feitas aos Republicanos.

Pois apesar da abundância de fatos, praticamente nenhum comentarista de televisou criticou a incansável repetição por todos os jornais, redes, jornalistas e comentaristas sempre dos mesmos chavões sobre uma agenda que seria “excessivamente de esquerda”.

Em vez disso, praticamente todos os comentaristas de televisão repetiram, incansavelmente, o mesmo chavão: sugerir que Obama deveria andar ainda mais para a direita. Joe Klein, da Time, recomendou que Obama construísse mais usinas nucleares (FAIR Blog, 39/10/29/2010); e David Broder do Washington Post ventilou a ideia de que um ataque ao Irã, e uma terceira frente de guerra, seriam ótimas soluções para aquecer a economia e promover melhor entendimento entre os dois Partidos (FAIR Blog, 1/11/2010).

Bill Clinton – que a mídia norte-americana também aconselhou a mover-se mais para a direita, quando, ele também, perdeu eleições de meio de mandato – foi várias vezes apresentado como exemplo: “Se há bom exemplo para lembrar de nossa história recente, é o presidente Bill Clinton, que atuou claramente como presidente de centro, para conseguir aprovar sua reforma do bem-estar social, depois que os Democratas perderam a maioria no Congresso em 1994.” (Associated Press, 2/11/2010).

Quando se citava Bill Clinton, o conselho para mover-se rumo “ao centro” aparecia sempre acompanhado de reportagens e análises que deixavam bem claro que Obama dificilmente saberia fazer o mesmo, com igual competência. “Obama não demonstra o mesmo tipo de sensibilidade ‘de centro’, que foi sempre o grande trunfo de Clinton” – explicou o New York Times (3/11/2010).

A verdade é bem diferente. O que Clinton fez foram dois anos de governo de centro; desapontou sua base eleitoral; e por isso os Democratas de então sofreram perdas importantes nas eleições de meio de mandato (Extra!, 2/1/1995; FAIR Media Advisory, 7/11/2008). E o “modelo Clinton” absolutamente não levou a qualquer grande sucesso eleitoral dos Democratas.

Muito estranhamente, os analistas e comentaristas da mídia norte-americana não viram o caso exemplar, muito claro, que tinham ali, frente aos olhos: a vitória dos Republicanos nas eleições da 3a-feira, é exemplo perfeito de como um partido político pode organizar uma ‘volta ao poder’, absolutamente sem mover-se em direção a “centro” algum, mas, isso sim, porque mobilizou táticas de ataques guerrilheiros “contra os Democratas, conseguindo assim jogar sempre na ofensiva” (New York Times, 4/11/2010).

“É a economia, estúpido!”

Muitas das análises que se repetiram na mídia dos EUA operaram para ignorar e fazer ignorar, ou para reduzir a importância da evidência de que se tratou de eleição ‘sobre’ o desemprego e o estado da economia dos EUA. Foram raríssimas as análises que tentaram dar centralidade ao rombo no orçamento federal (FAIR Action Alert, 24/6/2010) e trataram a questão como principal preocupação dos eleitores. A maioria das análises publicadas cuidou sempre de manter a narrativa nos limites do território dos Republicanos.

A retórica do “governo inchado, grande demais” e a incansável repetição do mote “é preciso cortar gastos públicos” dominaram todos os discursos. “Se há temas persistentes nas eleições de meio de mandato em 2010 nos EUA, são “o inchaço da máquina pública”; a “carga tributária” e o quão excessivamente o Estado interfere na vida dos cidadãos” – lia-se no lead de coluna do dia 10/10/2010 do Washington Post. Mas o artigo, de fato, mal tangenciava esses ‘temas’.

Sendo a situação da economia o principal problema para os cidadãos (Washington Post, 11/3/10), caberia à mídia ter conduzido melhor discussão sobre o tema. Em vez disso, a mídia promoveu sua velha fórmula de sempre, segundo a qual a esquerda nada tinha a propor para melhorar a situação (quando, de fato, os progressistas já dizem, há tempo razoável, que, sim, muita coisa pode ser feita). A direita, isso sim, é que não fez outra coisa além de repetir que seria preciso “cortar gastos”, e jamais ofereceu qualquer explicação razoável sobre como os gastos públicos explicariam o desemprego, nem sobre como os sempre repetidos “cortes do gasto público” gerariam novos empregos. Nas palavras de Baker, no New York Times (3/11/2010): “As críticas que se ouviram pouco tiveram a ver com propostas para tempos de extraordinárias dificuldades econômicas; concentraram-se no repúdio sistemático de um governo ativamente empenhado em ampliar seus investimentos no bem-estar social.”

Houve algumas exceções – a rede MSNBC dedicou-se a entrevistar vários Republicanos de destaque depois das eleições (2/11/2010); as entrevistas mostraram que a maioria deles não tinha qualquer tipo de projeto para reduzir de fato os gastos públicos ou para atacar a dívida interna. Essa seria a cobertura que realmente interessaria à população e deveria ter tido mais destaque antes e durante as eleições.

Quem votou?

Vários jornalistas e analistas trataram os resultados eleitorais como se manifestassem algum dramático passo em direção à direita nos EUA. Josh Holland, de Alternet, observou (3/11/2010) que num dos artigos publicados, o New York Times falara de “núcleos críticos” da eleição de Obama em 2008 que se teriam “transferido para os Republicanos”. O NYT só esqueceu de anotar que muitos dos que votaram em Obama há dois anos, simplesmente não saíram de casa para votar em 2010. Mas muitos eleitores simpatizantes dos Republicanos, sim, votaram. Essa evidência, além da situação desesperadora da economia e a tendência histórica de todas as eleições de meio de mandato explicam praticamente tudo que se viu acontecer nas primeiras eleições de meio de mandato de Obama.

De fato, praticamente toda a mídia comercial nos EUA dedicou-se a fazer das eleições da semana passada uma espécie de referendo nacional sobre a nova política de assistência à Saúde e sobre ‘o tamanho’ do governo. As pesquisas de boca de urna oferecem algumas pistas sobre o sentimento dos eleitores, mas nenhuma dessas pistas foram consideradas – nem se encaixariam – nas narrativas da mídia dominante.

Perguntados sobre a quem atribuem maior responsabilidade pelo estado lastimável da economia, a maioria dos eleitores responderam “Wall Street” e “George W. Bush” (USA Today, 3/11/2010). Um editorial do New York Times publicou que “48% dos eleitores declararam que rejeitariam a ‘Lei da Saúde’; 47%, que desejam mantê-la como está ou ampliar os benefícios: isso indica divisão de opiniões, não algum amplo consenso.”

Deu-se pouca atenção a outro fato, surgido na pesquisa de boca de urna: 39% dos que votaram apoiam que o Congresso se concentre em reduzir a dívida interna – o que parece confirmar o que a mídia dominante tem repetido sobre os eleitores estarem preocupados com a dívida externa. Simultaneamente, a mesma pesquisa com os mesmos eleitores, mostrou que 37% dos que votaram desejam que o governo gaste o que for necessário para criar empregos.

Quando pesquisas feitas em toda a população mostraram forte preocupação com a criação de novos empregos – o New York Times noticiou (16/9/2010) que “Estado da economia e emprego são itens cada vez mais citados pelos norte-americanos como principais problemas que o país enfrenta; a dívida interna só surge como problema quando os entrevistados são convidados a manifestar espontaneamente suas preocupações”. Não é absurdo concluir que os norte-americanos que se mobilizaram para votar nessas eleições de meio de mandato foram os que mais se deixaram seduzir pelos temas da pauta dos Republicanos (FAIR Blog, 18/10/2010).

Em termos gerais, pode-se dizer que as eleições receberam, como sempre, cobertura insuficiente. Nas palavras de Dean Baker, do Center for Economic and Policy Research (Politico, 2/11/2010), “Enquanto não houver melhores jornais e jornalistas, não haverá melhor política nem melhores políticas.”

sábado, 16 de outubro de 2010

EUA-2010: Os judeus, na campanha eleitoral

14/10/2010, Jim Lobe, Asia Times Online (Jews increasingly hawkish on Iran)
Traduzido pelo Coletivo Vila Vudu

WASHINGTON. Os judeus norte-americanos, os quais, com os afro-americanos, formaram a minoria que mais claramente apoiou a eleição de Barack Obama, descrêem cada dia mais do que o presidente consiga fazer, e cada vez mais se aproximam dos Republicanos na questão do Irã, como revela recente pesquisa, divulgada na 3ª-feira pelo Comitê Judeu Norte-Americano [ing. American Jewish Committee (AJC)].

Foram entrevistadas 800 pessoas que se autoidentificaram como judeus norte-americanos, na última pesquisa do ano, de uma série que se repete há mais de dez anos. A pesquisa mostrou também queda acentuada na certeza-confiança de que Obama conseguirá administrar satisfatoriamente as relações EUA-Israel, em comparação com os resultados que o AJC publicou há oito meses.

Em março passado, 55% dos respondentes declararam aprovar – e só 39% não aprovavam – o modo como o governo Obama conduzia as relações EUA-Israel; na nova pesquisa, 49% aprovavam, e 45% não aprovavam.

O apoio a ataque militar contra o Irã “para impedir que fabriquem armas nucleares (...) caso sanções e diplomacia não surtam efeito” subiu de 53% para 59% desde março; e a oposição a medidas militares, nas mesmas circunstâncias, caiu de 42% para 35% no mesmo período.

A pesquisa do AJC em 2008 mostrava que 42% dos respondentes opunham-se a ataque militar ao Irã, aprovado por 47%.

“Não considero surpreendentes esses resultados, se se consideram a intensa pregação de islamofobia pela mídia dos EUA, a repetição incansável de slogans sobre “a ameaça iraniana” pelos políticos israelenses e pelos que os apóiam nos EUA e os vários e repetidos fracassos do governo Obama em todas as tentativas para explicar o que eles pensam que estão fazendo no Oriente Médio”, disse Stephen Walt, especialista em Relações Internacionais de Harvard, e co-autor de The Israel Lobby, livro controverso, publicado em 2007.

“O governo Obama deixou que os críticos definissem a narrativa e nada ofereceu, nem à direita nem à esquerda, que gerasse mais confiança em sua liderança”, acrescentou. “Se me entrevistassem, eu também responderia que não aprovo o que o governo Obama está fazendo em relação às relações EUA-Israel. Mas sou absolutamente contra qualquer ideia de os EUA atacarem o Irã.”

Os resultados da pesquisa sugerem que as ideias das lideranças das principais organizações de judeus de direita e extrema direita, entre as quais o próprio AJC, estão ganhando mais espaços na comunidade de judeus liberais e de esquerda, em relação ao que se viu há oito meses.

Os resultados aparecem a apenas três semanas das eleições de meio de mandato, nas quais os Republicanos – cujos líderes criticaram duramente Obama quanto às relações ‘difíceis’ com o primeiro-ministro de Israel Benjamin Netanyahu e manifestaram forte oposição à ideia de tentar a via diplomática com o Irã – esperam reconquistar a maioria de, pelo menos, uma das duas casas do Congresso.

David Harris, presidente do AJC praticamente repetiu esses temas caros aos Republicanos na 3ª-feira. Disse que “a inquietação dos judeus norte-americanos em relação a duas das principais questões da política externa dos EUA e ao modo como os líderes norte-americanos têm respondido a elas” é o achado “mais perturbador” da nova pesquisa.

É a primeira vez que o AJC faz duas pesquisas num mesmo ano.

“As coisas andam muito fluidas no Oriente Médio. E achamos que seria interessante voltar a examinar a questão da ameaça nuclear iraniana, como está sendo administrada, assim como as relações EUA-Israel e o processo de paz”, disse o porta-voz do AJC Kenneth Bandler. E acrescentou: “Também quisemos aferir as opiniões com vistas às eleições de meio de mandato”.

De fato, a pesquisa trouxe boas notícias para os Republicanos. 1/3 dos entrevistados declararam que creem que “os EUA seriam país melhor, se os Republicanos controlassem o Congresso”. Historicamente, o apoio dos judeus ao Partido Republicano jamais se afastou muito dos 20%.

Apesar de não serem fatia expressiva da população – cerca de 2% da população total dos EUA, 3% dos que votam na maioria das eleições – os judeus norte-americanos são os principais doadores de fundos para as campanhas eleitorais, responsáveis por 25% do total de doações para eleições nacionais e por 40% do total de doações para candidatos Democratas.

Os Republicanos têm-se esforçado muito em anos recentes – embora sem grande sucesso até agora – para atrair parte dessas doações, ou, se não, pelo menos para persuadir os doadores judeus a reduzir suas doações aos candidatos Democratas.

A corte que têm feito aos eleitores e doadores judeus tem consistido, basicamente, em lembrar o apoio praticamente irrestrito dos Republicanos a Israel, sobretudo ao governo de Netanyahu, que tem contatos de muitos anos e sólido relacionamento pessoal com a direita cristã e com neoconservadores, os dois grupos que formam o núcleo duro do Partido Republicano.

A recente pesquisa sugere que a estratégia dos Republicanos pode estar começando a dar frutos, como muitos blogueiros neoconservadores festejaram na 3ª-feira.

“Em resposta à pergunta sobre o quê conseguiria afastar os judeus do vício que os liga aos Democratas, a resposta parece ser ‘Obama’,” escreveu Jennifer Rubin no blog Contentions, da [revista] Commentary.

Rubin observou também que o apoio dos judeus a Obama caiu de 57% em março, para 51% em setembro, apenas poucos pontos superior à média do público em geral.

A mesma observação de Larry Sabato, cientista político da Universidade da Virginia. “Aprovação de apenas 50%, entre os judeus, para presidente Democrata, é, falando francamente, horrível”, disse ele ao New York Jewish Week.

Ao mesmo tempo, a pesquisa sugere que a desilusão dos judeus em relação a Obama, como na população em geral, talvez tenha mais a ver com a difícil situação econômica, do que com a política do governo para o Oriente Médio.

O nível mais baixo de aprovação – 45% – apareceu em respostas sobre o desempenho do governo Obama no campo econômico. Em pergunta relacionada a essa, número significativamente maior de entrevistados disseram que a economia e a questão da Saúde pública pesam mais no voto, para as eleições próximas, do que a política externa ou Israel.

De fato, as ideias gerais dos entrevistados sobre questões gerais do conflito Israel-Palestina permaneceram sem grandes alterações nos últimos oito meses. Como na pesquisa de março, os entrevistados continuam céticos quanto às chances de que se chegue a algum acordo negociado; pequena maioria manifestou-se a favor da criação de um estado palestino; 60% contra ceder parte de Israel a um futuro estado palestino; e praticamente os mesmos 60% a favor de Israel ceder “algumas” áreas de ‘assentamentos’ exclusivos para judeus na Cisjordânia, como parte de um acordo de paz.

Mesmo assim, a pesquisa sugere que, pelo menos para alguns dos judeus norte-americanos, Obama aparece como “perdedor” nas disputas com Netanyahu, no início do ano, sobre os ‘assentamentos’.

Além dos 45% dos judeus que manifestaram desaprovação ao modo como Obama conduz as relações EUA-Israel, a pesquisa mostra que aumentou a aprovação ao modo como Netanyahu encaminhou os contatos bilaterais – de 57% em março, para 62%.

Diminuição semelhante se observa na confiança de que Obama conduzirá satisfatoriamente a questão nuclear iraniana. 47% dos entrevistados manifestaram confiança, em março, no desempenho do presidente; e 46% manifestam desconfiança hoje, em pesquisa feita entre o início de setembro e o início de outubro.

Além disso, apesar do sucesso na coordenação do apoio internacional ao endurecimento das sanções contra Teerã, 72% dos respondentes consideram que tais medidas têm pouca ou nenhuma possibilidade de realmente impedir que o Irã construa armas nucleares; há oito meses, eram 68%.

Consistente com o maior apoio a ações militares dos EUA contra o Irã, para impedir o país de desenvolver armas nucleares, a pesquisa mostra que o apoio a ataque militar por Israel também aumentou – de 62% em março, para 70%.

Sobre outras questões internacionais, a pesquisa mostra que a Turquia, aliada da OTAN, não é considerada “nação amiga” dos EUA e de Israel, por, respectivamente, 50% e 71% dos judeus norte-americanos – reflexo, sem dúvida, da deterioração das relações Turquia-Israel, iniciada com a Guerra de Gaza de 2008-9 e acelerada pelo ataque, com mortes, pelos israelenses, a um barco turco que tentava levar ajuda humanitária para Gaza, em maio.

sexta-feira, 15 de outubro de 2010

Eleições, EUA: há chances para o partido de Obama?

28/10/2010, Michael Tomasky, New York Review of Books, vol. 57, n. 16
Traduzido pelo Coletivo da Vila Vudu
 
Como vão as coisas para o partido de Obama? Em Washington, a voz geral é que, nas próximas eleições de 2/11, o partido perderá a maioria na Câmara de Deputados [ing. House of Representatives] e provavelmente também no Senado (embora nesse caso haja menos certezas). Se os Republicanos assumirem a maioria de uma ou das duas casas, o partido e os jornalistas conservadores proclamarão que os eleitores rejeitaram “o socialismo” e começará a campanha para que Barack Obama passe à história como presidente de um único mandato.

O efeito mais pernicioso, desses desdobramentos, ao qual poucos têm dado atenção, será que, no instante em que alcancem a maioria, os Republicanos chegarão à presidência das principais comissões – e desencadearão ‘investigações’ de todo o tipo contra o governo Obama. Por exemplo, ‘denunciarão’ e exigirão ‘investigação’ contra o Departamento de Estado que, para os Republicanos, favoreceu réus negros, ao não acolher a denúncia contra o Novo Partido Black Panther da Filadélfia, acusado de irregularidades eleitorais.

As acusações serão puro denuncismo, sem qualquer tipo de base fatual, mas servirão para desviar a atenção do governo dos objetivos políticos, criarão uma aura de ‘governo corrupto’ (ou racista pró negros) e, de tanto espernearem, é bem possível que os Republicanos ainda peguem um ou outro peixe grande, apanhado por perjúrio ou obstrução da justiça. (O mais provável é que reemerjam as acusações à moda dos julgamentos de Chicago, execrados vez ou outra por falhas processuais, mas que jamais deixaram de ser instrumento de campanha dos Republicanos.) Os Republicanos jogam para ganhar.

Como as coisas chegaram a esse ponto, para Obama? Há inúmeras razões. O estado da economia é, evidentemente, a primeira delas. Se os ‘estímulos’ tivessem operado o milagre de manter baixas as taxas de desemprego, abaixo de 8%, como Christina Romer, que acaba de deixar a presidência do Conselho de Conselheiros Econômicos, prometeu que aconteceria (num dos comentários menos prudentes, feito por auxiliar direto do presidente Obama), o descontentamento e a frustração dos eleitores talvez não fossem tão acentuados, e os rugidos da minoria irada do “Tea Party” não ecoassem tanto. Fato é que os principais conselheiros econômicos do presidente, como Timothy Geithner e Lawrence Summers (que deixará o cargo no final do ano) estavam realmente convencidos de que, em outubro e novembro desse ano, a economia estaria em plena recuperação. Se tivessem acertado, o prognóstico político para os Democratas ainda seria perder assentos, mas não na escala catastrófica hoje prevista.

Analistas que observam há anos a história das eleições para o Congresso lembram que o partido do presidente que esteja no cargo sempre perde assentos nas eleições de meio de mandato – desde 1862; a média de assentos perdidos em eleições de meio de mandato é de cerca de 32 na Câmara de Deputados e dois no Senado. Só duas vezes, desde a Guerra Civil – em 1934, durante a Depressão; e em 2002, depois dos ataques do 11/9 –, o partido do presidente ganhou assentos, dois anos depois de ter tomado posse. Outros especialistas argumentam que a maioria Democrata cresceu mais do que a média e contra a tendência histórica em 2006 e 2008: efeito da impopularidade de George W. Bush; os Democratas ganharam alguns assentos que normalmente não ganhariam e, nesse sentido, as perdas de 2010 podem ser vistas, em certa medida, como movimento pelo qual os Republicanos recuperam os votos que tradicionalmente são seus.

O primeiro argumento é evidentemente verdadeiro. O segundo tem algum fundamento, mas seu peso tem sido exagerado. Os Democratas expandiram sua base em 2006 e 2008, vencendo em áreas que sempre haviam sido Republicanas. Mas não chegaram lá apenas por causa da impopularidade de um governo Republicano. Algumas daquelas áreas estavam em processo de mudança demográfica, suficientemente profunda para tornar mais palatáveis os candidatos Democratas. No 7º Distrito de Michigan (a oeste e ao sul de Ann Arbor), no 5º Distrito de Virginia (sudoeste, incluindo Charlottesville), e no 19º Distrito de New York (condados de Dutchess e Rockland), por exemplo, um aumento no número de eleitores com formação universitária ajudou a construir as vitórias dos Democratas em 2006 e 2008, e é possível que voltem a vencer nesses distritos.

No longo prazo, o mapa dos distritos competitivos expandiu-se a favor dos Democratas, por causa dessas mudanças, que também levaram mais eleitores latinos para o sudoeste (pode-se prever que até o Texas talvez seja estado Democrata à altura do ano 2020). Mas em 2010, os atuais representantes Democratas em três desses distritos – Mark Schauer, Tom Periello e John Hall, respectivamente – estão hoje lutando para salvar o próprio futuro político e há alto risco de não serem reeleitos [1].

Entre os Democratas e a esquerda norte-americana há, como sempre, mais diferenças do que semelhanças na avaliação que fazem sobre como as coisas chegaram ao ponto em que estão. O argumento padrão da esquerda é que Barack Obama não conseguiu atender nem às expectativas da esquerda politizada nem da população mais pobre em pelo menos dois campos cruciais: o pacote de ‘estímulos’ à economia e as leis de reforma das Finanças e da Saúde. Os centristas argumentam que Obama foi excessivamente ‘esquerdista’ e ‘populista’ e deveria ter-se concentrado mais na administração do déficit. Alguns observadores culpam Obama por ter-se dedicado excessivamente a construir ‘consensos’ entre os dois partidos, o que consideram esforço ingênuo e excessivo, que se fundamentaria numa espécie de fé messiânica nos pressupostos poderes de persuasão do próprio presidente, apesar de ter de disputar votos nas eleições locais (ing. caucuses) em que dominam alguns grupos decididos a em nenhum caso colaborar com Democratas. Outros criticaram o presidente Obama por não se ter posto em campanha corpo a corpo mais agressivamente ao longo do ano, e não ter nem tentado definir pessoalmente os termos do debate, em vez de deixar que os Republicanos os definissem.

Há alguns grãos de verdade em cada um desses argumentos; o último, acima, é o mais difícil de enfrentar e desmentir. Nos longos discursos de 6/9 (Dia do Trabalho) e de 8/9, nos quais Obama declarou sua posição sobre impostos, pequenos empreendimentos e outras questões, e no qual falou em tom raramente usado, muito pessoal e focado, sobre o líder dos deputados Republicanos de Ohio, John Boehner, Obama aceitou a disputa. Mas é estranho que tenha demorado tanto tempo a fazê-lo, sobretudo depois de os Republicanos terem exposto a própria intransigência e depois de um longo verão durante o qual os Democratas sofreram vários revezes políticos, desde o fracasso das tentativas para aprovar legislação sobre energia, até a chuva de números muito ruins sobre o desemprego, sem esquecer a agitação demagógica, intolerante, vergonhosa, que se criou em torno da construção do Centro Islâmico de Manhattan.

Deve-se considerar contudo que é perfeitamente possível que as eleições de 2/11 não sejam tão ruins para os Democratas quanto a maioria dos jornais prevê. Não se sabe, sequer, se o “Movimento Tea Party” conseguirá dividir os votos da ala mais conservadora dos Republicanos [ing. GOP, Great Old Party]. Mas, aconteça o que acontecer, ainda que os Democratas não percam a maioria na Câmara de Deputados ou que só percam por pequena margem, e no Senado com margem mínima, não há dúvidas de que a situação é difícil. Mais uma vez, como aconteceu depois do 11/9, e tem acontecido frequentemente na política norte-americana, os Republicanos têm conseguido rotular os Democratas, não apenas como partido elitista, mas, em larga medida, também como partido alienado das grandes questões ‘americanas’ [“antiamericano”, nesse sentido], rótulos contra os quais nem o presidente nem qualquer dos Democratas reagiram.

Quem tenha visto a campanha eleitoral de Obama, conduzida com mão de mestre, durante a qual a equipe sempre respondia a todos os ataques com rapidez e eficácia, seria levado a crer que os Democratas teriam, afinal, aprendido a responder e não admitiriam quaisquer novos ataques à sua imagem e aos seus fundamentos. Nada disso aconteceu depois da posse de Obama.

Minha resposta pessoal à questão de como as coisas chegaram ao ponto (muito ruim) a que chegaram tem menos a ver com se Obama seria homem mais de esquerda ou mais de centro; e tem mais a ver com a aparente incapacidade, talvez recusa, pelo presidente e por seu Partido, a expor em argumentos claros, convincentes e persuasivos as suas crenças centrais, construindo um discurso claro de oposição ao discurso dos Republicanos. É problema antigo, desde os anos Reagan. E é um ponto frágil, que muitos Democratas e militantes da esquerda norte-americana esperavam que Obama conseguisse modificar – porque a campanha eleitoral fez crer que Obama seria capaz de modificar. Mas, acabada a campanha, nem Obama nem qualquer de seus assessores e conselheiros deram qualquer atenção a esse ponto.

Na política norte-americana, os Republicanos sempre falam em temas muito amplos e tendem a misturar todos os detalhes; e os Democratas sempre ignoram os temas amplos e focam-se nos detalhes. Os Republicanos, por exemplo, falam constantemente de “direitos” e “liberdade” e balizam todas as suas iniciativas – cortes de impostos, desregulação etc. – nos limites dessas amplas categorias. Os Democratas, por sua vez, falam mais de programas específicos e de políticas e não se manifestam sobre os grandes temas. Há um motivo para que as coisas seja  assim: os temas dos Republicanos, “direitos” e “liberdade” são temas populares, que estão na boca do povo; e as políticas dos Republicanos raramente são populares; e os temas dos Democratas (“comunidade”, “tolerância”, “justiça social” não são temas populares e raramente são ouvidos pelas ruas; e vários dos programas de políticas dos Democratas (“Reforma da Saúde”, “assistência pública à Saúde” e até, em vários casos, a política de precificar as emissões de carbono) contam, quase sempre, com maior apoio popular. Por isso, quando tudo parece estar falhando, os Democratas tentam assustar os eleitores com o risco de a Assistência Social ser extinta, no caso de os Republicanos serem eleitos – como, aliás, já estão fazendo nesse exato momento.

Mas os Democratas sempre erraram muito em um ponto, desde os anos Reagan: eles absolutamente não conseguem conectar suas políticas e suas crenças políticas mais fundamentais. De fato, é como se os Democratas tentassem ocultar aquelas crenças políticas fundamentais, ou mudam de assunto sempre que o tema emerge. O resultado disso tem sido que, já há muitos anos, os Republicanos têm conseguido expor sua filosofia como algo que seria ‘autenticamente’ “americano”, ao mesmo tempo em que encontram ponto de apoio para mover sua alavanca contra os Democratas, acusados de serem opositores dos valores nacionais norte-americanos. “Querem transformar os EUA em país socialista europeu”, por exemplo, é linha de ataque retórico que circula desde muito antes do governo Obama – foi usada contra o plano de reforma da Saúde, de Clinton.

Considerem-se então os problemas específicos que Obama têm de encarar, mestiço (visivelmente negro), com nome exótico e biografia absolutamente atípica entre os presidentes dos EUA. Acrescente-se a maior crise econômica em 80 anos, e as respostas do governo à crise, respostas que, para um grupo super organizado e energizado da extrema direita, aproximam os EUA do socialismo. Um dos efeitos desse processo é que os EUA conhecem hoje uma nova facção, o rico movimento “Tea Party” que se autoproclamou símbolo, praticamente, do americanismo mais ‘puro’ e que trabalham incansavelmente para apresentar o presidente, suas ideias, suas políticas e seus apoiadores, não só como não-americanos, mas como ativos antiamericanos. Pesquisa feita pela revista Newsweek, distribuída no final de agosto, mostra que cerca de 1/3 dos norte-americanos declaram com “absoluta verdade” e como “provável verdade” que Obama “aceita os objetivos dos fundamentalistas islâmicos que querem implantar a lei islâmica em todo o mundo” [2].

Nesse quadro, nenhum Democrata de destaque, nem o próprio Obama, teve a ideia de declarar algo como “Amamos os EUA como vocês amam. Para nós, amar os EUA é oferecer assistência pública de boa qualidade à saúde de todos; é defender a preservação do meio ambiente e impor rédea firme, efetiva, contra os especuladores de Wall Street”. Até agora, os Democratas deixaram-se diminuir, eles mesmos; não fizeram outra coisa além de oferecer versões limitadas de ações políticas legítimas; e entregaram aos Republicanos, sem luta, a bandeira do amor proclamado aos EUA.

Esse é um dos fatores que nenhuma pesquisa aferiu até agora, mas estou convencido de que a hesitação dos Democratas, que não se decidem a associar seus programas a crenças mais profundas está desmoralizando o partido aos olhos da esquerda norte-americana e confundindo (ou deixando que se afastem) os independentes. Os eleitores vão às urnas com a impressão de que os Republicanos lutam pelos EUA; e que os Democratas lutam pelas próprias candidaturas. Na campanha eleitoral, Obama impôs, com vigor, um apelo nacional, patriótico; seus dois discursos, na convenção de 2004 e em Iowa, no Dia Jefferson-Jackson, em novembro de 2007, são exemplo disso. Hoje, qualquer impressão de que os Democratas tenham alguma posição coerente sobre o tipo de país que desejam já virou pó. Como se, hoje, os únicos  problemas que realmente mobilizam e preocupam os Democratas fossem as posições divergentes, dentro do partido, sobre a reforma da Saúde ou o desempenho de Tim Geithner. 

O Congresso que assumirá em janeiro do próximo ano, mesmo que os Democratas não percam a maioria, será muito diferente do que Obama encontrou ao assumir a presidência. A margem de vantagem dos Democratas nas duas Casas – que hoje é de 77% na Câmara e de 18% no Senado, contando-se os dois senadores independentes que votam com os Democratas nos caucuses – estará significativamente menor. Dado o número de Democratas conservadores e de centristas que permanecerão no Congresso, mas provavelmente votarão com os Republicanos, a chance de que o governo consiga aprovar leis progressistas aproxima-se perigosamente do zero.

É bastante provável que deputados conhecidos não se reelejam – e Ted Kennedy e Robert Byrd, últimos laços remanescentes dos melhores dias do Senado, morreram durante a última legislatura. –Patty Murray do estado de Washington, que chegou ao Senado em 1992,  nas eleições do “Ano da Mulher”, depois da polêmica Anita Hill-Clarence Thomas, enfrenta hoje disputa duríssima contra o Republicano Dino Rossi, que, em 2004, perdeu a eleição para governador mais disputada da história dos EUA (depois de ter sido declarado vencedor). Russ Feingold, de Wisconsin, está perdendo, segundo pesquisas, para Ron Johnson, candidato financiado pelo Movimento “Tea Party”, que se casou com herdeira de uma fábrica de plástico que ele próprio converteu em megaempresa, e que disse, mês passado, sobre o aquecimento global: “O mais provável é que o aquecimento seja efeito das manchas solares, ou simples movimento de acomodação, semelhante aos que sempre aconteceram na longa duração, no tempo geológico, e que sempre provocaram alterações climáticas.” Se Murray e Feingold não se elegerem, a eleição marcará clara e fragorosa derrota dos Democratas.

Pelo menos sete candidatos do Movimento “Tea Party” venceram eleições primárias dos Republicanos para o Senado. Christine O’Donnell de Delaware foi a que mais recebeu atenção, desde a surpreendente vitória de 14/9 sobre o moderado Mike Castle; mas enquanto luta para explicar sua atividade passada no mundo da finança, dentre outras atividades, outros candidatos da direita não repetem a vitória eleitoral. Em Utah, Mike Lee quase com certeza derrotará o candidato Democrata Sam Granato. O Salt Lake Tribune, que no início do ano apoiava um opositor de Lee, escreveu:

“As políticas de [Tim] Bridgewater são quase igualmente radicais. Concorrem, de fato, dois ideólogos da extrema direita, nessas eleições. Mas, em nossas discussões, percebemos em Bridgewater um pouco mais de abertura para ideias mais amplas, uma fagulha de pragmatismo. De Lee, nem isso se pode dizer.”

No Colorado, Ken Buck aparece com pequena vantagem à frente do candidato Democrata Michael Bennet, indicado quando Obama nomeou o então Senador Ken Salazar para a presidência do Departamento do Interior. Sobre Seguridade Social, Buck disse que “Nem sei se é constituicional ou não”. É contra o aborto, inclusive em caso de estupro e incesto.

Christine O’Donnell e Sharron Angle de Nevada também são contra o aborto. Sharron concorre com o Líder da Maioria no Senado Harry Reid e também é contra o aborto, sem exceções, nem nos casos de risco para a vida da mãe. Em janeiro, perguntada num programa dos conservadores, sobre se haveria alguma razão que justificasse o aborto, respondeu “Não na minha Bíblia”.

Angle falava num programa de rádio dos conservadores: muitos candidatos do “Tea Party” têm evitado os programas da grande mídia, e só falam aos eleitores pelos seus blogs, páginas do Facebook, programas das rádios religiosas e da direita e (quando encontram espaço livre na grade) pelo canal Fox News.

Todos viram as dificuldades pelas quais passou Rand Paul, do Kentucky – que provavelmente também será eleito ao Senado – quando se deixou entrevistar por Rachel Maddow da rede MSNBC. A entrevistadora apertou de tal modo o cerco sobre Paul, na questão dos direitos civis, que ele acabou por admitir que, como consequência lógica de sua oposição a qualquer limitação à liberdade de associação, Paul teria sido contrário à Lei dos Direitos Civis de 1964. Depois dessa entrevista, Paul e outros candidatos do Movimento “Tea Party” têm evitado esse tipo de entrevista.

Angle disse à Rede de Televisão Cristã que não daria entrevistas a veículos de mídia que não fossem conservadores, porque os veículos não conservadores não a ajudariam no esforço para arrecadar fundos de campanha (“não há dinheiro para mim, por lá”).

Na Câmara, nenhum dos Democratas corre risco de não se eleger. Na Califórnia, por exemplo, o lugar de Henry Waxman parece garantido. Mesmo assim, os Democratas terão de amargar alguns territórios perdidos. Desde 1969, David Obey, nome destacado da esquerda norte-americana, é representante do 7º Distrito de Wisconsin, na fronteira norte das Cidades Gêmeas. Esse Distrito, segundo o analista político Nate Silver, passará, quase com certeza para os Republicanos. Os Democratas também perderão espaço em Indiana, Colorado, Arizona, Washington, West Virginia, New Mexico e em vários outros estados.

Ainda não se sabe com precisão quantos candidatos Republicanos à Câmara de Deputados estão sendo apoiados por grupos do Movimento “Tea Party”, porque há quantidade astronômica desses grupos e porque a grande mídia muitas vezes rotula alguns candidatos sem que tenham recebido apoio declarado do Movimento. Vale a pena observar, contudo, que grande número de candidatos Republicanos à Câmara de Deputados têm prometido atender a uma das principais exigências do Movimento “Tea Party”: que o governo federal não gaste mais do que arrecada, com auditoria anual do orçamento. É exigência ao mesmo tempo radical e quimérica – o governo Reagan, que os “Tea Partistas” consideram santificado, administrou déficits durante seis de seus oito anos de mandato. A exigência – e não é segredo para ninguém – é ataque direto aos itens reservados no orçamento para a Seguridade Social e o Medicare, uma vez que comprometem 40% dos gastos federais; o verdadeiro objetivo de muitos conservadores é afastar o governo da administração das aposentadorias e pensões e da saúde.

Os candidatos que defendem essas posições, vale lembrar, estão sendo e serão apoiados por quantidades jamais vistas de dinheiro das grandes corporações. Depois da decisão da Suprema Corte, em Janeiro, no processo dos “Cidadãos Unidos”, as corporações ficaram livres para gastar quanto queiram [3]. Especialistas têm dito que as grandes empresas, com ações na Bolsa, até agora não modificaram seus padrões de contribuição para campanhas eleitorais; mas empresas menores, familiares, “estão saltando para o bolo das doações para campanhas eleitorais, a maioria tendendo para o lado dos Republicanos” [4]. Em fevereiro, o Center for Responsive Politics estimava que serão gastos mais de 3,7 bilhões de dólares nas eleições de meio de mandato de 2010, 30% mais do que em 2006 – e ainda sem levar em conta os efeitos da decisão da Suprema Corte no caso dos “Cidadãos Unidos” [5].

Meio morbidamente, será interessante ver o que acontecerá num Congresso ocupado por tão vasta população de pessoas tão ávidas de mudar-se para lá quanto enfáticas ao declarar que “desprezam” todos os políticos e a política. Saia o que sair das próximas eleições, uma coisa é certa: se os Republicanos conseguirem maioria na Câmara de Deputados, por-se-ão a investigar freneticamente o governo Obama, o que bem possivelmente talvez chegue a outra drama de outro impeachment.

É assunto que ninguém discute, mas não é segredo. No final de agosto, o jornal POLITICO noticiou:

“Tudo, do mais microscópico – o Novo Partido dos Panteras Negras – ao mais massivo – o ‘resgate’ dos grandes bancos – já está na lista das tarefas dos Republicanos, para investigar em futuro próximo, disseram vários assessores dos Republicanos entrevistados pelo jornal POLITICO.
Os assessores dos Republicanos dizem que não haverá caça às bruxas, mas não há dúvidas de que esperam entusiasmados a possibilidade de extrair informação ocultada por um governo que se vangloria de ser transparente.
Meia dúzia de muito agressivos aspirantes a presidente de comissões – liderados pelos Deputados Darrell Issa (R-Calif.) e Lamar Smith (R-Texas) – trabalham em silêncio, preparando-se para uma possível longa temporada de ataques e convocações e denúncias, que não se via desde as guerras de Clinton, no final dos anos 1990s [6].

Michelle Bachmann, Deputada por Minnesota, disse, como sempre, no tom absolutamente sem autocomedimento dessa nova direita, ao ser interrogada sobre como os Republicanos usarão seu poder de investigar: “Oh, sim, acho que temos de investigar e investigar. Temos de ter audiência depois de audiências, convocações todos os dias, cada dia uma denúncia e nova Comissão Especial de Inquérito. Fazê-los sangrar.”

Os Republicanos mais provavelmente negarão que seu objetivo final seja o impeachment. Mas por que não seria? Até agora, têm demonstrado que jogam para a própria torcida, e muitos, da torcida dos Republicanos acreditam que Obama não seria cidadão norte-americano e, portanto, estaria ilegalmente na presidência. Em pesquisa Em  pesquisa Harris, de março, 24% dos Republicanos creem que Obama “pode ser o Anticristo”. Quando os seus eleitores mais fiéis pensam assim, nada fazer para derrubar o homem que ocupa a presidência beira a falta de competência, seria como um médico recusar-se a salvar o doente. Se os Democratas estão preocupados com o muito discutido “déficit de entusiasmo” entre os eleitores Republicanos e Democratas, boa ideia talvez fosse tirar da penumbra essas ideias, para ventilá-las ao sol.

Na terceira semana de setembro, algumas novas pesquisas mostravam resultados melhores para os Democratas. Os índices de aprovação de Obama parecem estabilizados, e de fato, se se consideram os números do desemprego, nem são os piores – melhores que os de Reagan em situação semelhante. E os Republicanos continuam a perder para os Democratas, em várias pesquisas sobre opinião pública e as grandes questões políticas.

Muita coisa pode acontecer até o dia das eleições e, até lá ainda se disputarão questões importantes. Como a questão da renovação dos cortes de impostos de Bush. Os cortes foram aprovados em 2001, sob regras de ‘reconciliação’ que, dez anos depois, já perderam a vigência, com números que fazem lembrar 2000. Pesquisas recentes mostram que a maioria apoia Obama e vários Democratas, que propõem manter os cortes para famílias que ganhem até 250 mil dólares anuais e extingui-los para as famílias de renda mais alta. Os Republicanos desejam manter todos os cortes de impostos, tornando-os permanentes. A maioria (53%) apoia a proposta dos Democratas, contra 38% a favor de manter os cortes de impostos, segundo pesquisa de meados de setembro, feita pelo New York Times/CBS.

O quanto essa questão e essa diferença podem favorecer os Democratas nas próximas eleições ainda é questão a discutir, discussão que não interessa igualmente a todos os Deputados e Senadores, hoje em campanha eleitoral. (...)

Evidentemente, se pode argumentar, como tema de economia política, que os EUA não precisam de mais cortes nos impostos ou que, pelo menos, não precisam só disso. Ocultado ou perdido em praticamente todas as discussões sobre se os norte-americanos mais ricos aceitarão voltar a pagar 39,6% em vez de 35% de impostos sobre toda a renda que ultrapassar os $250 mil dólares, está o fato de que, de 1950 a 1963, nos tempos em que se construía por aqui uma vasta classe média, quando os temas democráticos que falavam de “comunidade” ainda não eram considerados tóxicos, a taxa marginal média que se discutia para as super grandes fortunas, taxa que as maiorias dos dois partidos apoiavam, ultrapassavam os 90%. De fato, havia inúmeros meios para escapar dessas taxas. E aqueles dias nunca mais voltarão.

Mas enquanto os Democratas permitirem que os Republicanos continuem a dar a impressão de que defendem valores norte-americanos (além de eles mesmos definirem aqueles valores), assuntos como aquela pequena diferença de 4,5% serão atacados em termos de luta de classes (e nada pode ser menos americano que a luta de classes!), mas os ataques continuarão a ecoar longe, longe, bem longe das poltronas das presidências das Comissões da Câmara de Deputados. [30/9/2010]

NOTAS
[1] Nate Silver, em 2008, passou a publicar seu blog no The New York Times; como antes, publica previsões de resultados para todas as eleições, em todo o país. 
[2] Resultados por partido mostram que 52% dos Republicanos pensavam assim; 27% dos independentes; e menos de 17% dos Democratas. Ver , question 24
[3] Ronald Dworkin, “The Devastating Decision”, 25/2/2010; e “The Decision That Threatens Democracy”, 13/5/2010.
[4] Michael Luo e Stephanie Strom, “Donor Names Remain Secret as Rules Shift,” The New York Times, 21/9/2010.
[5] “Midterm Elections Will Cost at Least $3.7 Billion,” Open Secrets, 23/2/2010.
[6] Glenn Thrush, “GOP Plans Wave of White House Probes”, Politico, 27/8/2010